CORAZÓN ABIERTO, MENTE LÚCIDA

CORAZÓN ABIERTO, MENTE LÚCIDA

Editorial:
DHARMA EDICIONES
Año de edición:
Materia
Budismo
ISBN:
978-84-86615-39-0
Páginas:
228
Encuadernación:
Rústica con solapas
16,26 €
IVA incluido
Disponible en 24-48 horas - CONSULTAR

Esta introducción práctica el budismo se centra en la aplicación de la psicología budista en la vida moderna. Thubten Chödron, una monja budista norteamericana, nos muestra los puntos básicos de este camino para entendernos a nosotros mismos y para mejorar nuestra calidad de vida.

".... transmite en un lenguaje comprensible un claro entendimiento del budismo, tal y como ha sido practicado por el pueblo tibetano".
Del prólogo de Su Santidad el Dalai Lama.

"... presenta un estudio claro y completo de las enseñanzas de Buda. Corazón abierto, mente lúcida, ayudará a muchos en el camino de la meditación y en la relación de los desafíos de la vida cotidiana".
Venerable Thich Nhat Hanh.

"... una introducción agradable, sincera y comprensible a los principios básicos de la práctica budista."
Profesor Alan Sponberg, Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Stanford.

"Su análisis de los estados psicológicos que subyacen en el comportamiento y cómo modificar este comportamiento para vivir una vida más sana, y más budista, será útil a todas las personas que deseen seguir el camino budista".
Venerable Doctor Havapola Ratansara. Presidente Ejecutivo del Congreso Americano Budista.

"Totalmente recomendable para cualquier persona que quiera saber sin ningún tipo de mistificación, todo lo que significa el budismo".
Doctor Alexander Berzin. Traductor y conferenciante.



Extracto

Las enseñanzas fundamentales de Buda Gautama, tal y como ha quedado de manifiesto a través del estudio de las fuentes originales, son sencillas y transparentes, y se encuentran en perfecta armonía con las ideas modernas. Está más allá de toda discusión el logro de una de las inteligencias más penetrantes que el mundo haya conocido jamás.
H. G. Wells, historiador y escritor británico.

Durante la introducción al primer curso de budismo al que asistí, el maestro dijo: "Buda enseñaba a sus discípulos diciéndoles: no aceptéis mis enseñanzas simplemente por respeto hacia mí; analizadlas, examinadlas del mismo modo en el que un orfebre analiza el oro, frotándolo, cortándolo y fundiéndolo. Vosotros sois personas inteligentes, y deberíais pensar sobre lo que escuchéis en este curso. No lo aceptéis ciegamente".
Me relajé. "Bueno", pensé: "Nadie va a presionarme para creer en algo, ni me van a condenar si no me lo creo". A lo largo del curso se nos animaba a hablar y debatir sobre los diferentes temas. Agradecí este planteamiento, ya que concordaba con mi tendencia natural a analizar y explorar cualquier materia desde distintos puntos de vista.
Esta es la propuesta budista. Se respeta y se alienta nuestra inteligencia. No existe ningún dogma que hay que seguir ciegamente. De hecho, somos libres de elegir cualquiera de las enseñanzas del Buda que se ajusten a nuestro momento presente, dejando a un lado, de momento, las demás; pero sin criticarlas. Las enseñanzas del Buda se pueden comparar a un gran bufé. Nos puede apetecer degustar un plato, y a otra persona otro distinto. No tenemos la obligación de comerlo todo, ni tenemos por qué elegir lo que escoja nuestro amigo.
Del mismo modo, dentro de las enseñanzas del Buda, podemos sentirnos atraídos por una materia o una técnica de meditación, mientras que otra distinta puede resultar importante para nuestro amigo.

Deberíamos aprender y practicar de acuerdo con la capacidad que poseamos en ese momento, de manera que podamos mejorar la calidad de nuestra vida. Así, llegaríamos a entender gradualmente las enseñanzas que al principio nos parecían difíciles o de escasa importancia.
Este planteamiento abierto es posible debido a que el Buda describió nuestra experiencia humana y trazó las líneas maestras para mejorarla. El no creó nuestra situación, ni inventó el sendero a la Iluminación. El habló de nuestra experiencia y del funcionamiento de la mente, así como de modos prácticos y realistas de tratar con nuestros problemas cotidianos. Describiendo nuestras dificultades y sus causas, Buda explicó también el modo de eliminarlas. Nos habló de nuestra gran capacidad humana y de cómo desarrollarla. Depende de nosotros el descubrir a través de la lógica y de nuestra propia experiencia, la verdad que mostró. Así, nuestras creencias estarán bien fundadas y serán estables.
El budismo se centra, no tanto en Buda como persona, o en sus seguidores, -la sanga-, como en el darma; es decir, en las enseñanzas y las realizaciones. Buda Shakiamuni que vivió hace dos mil quinientos años en India, no siempre fue un ser iluminado. De hecho, fue una persona común, como nosotros, con los mismos problemas y dudas que nosotros. Se convirtió en un buda descubriendo el camino a la Iluminación.
De la misma manera, cada uno de nosotros poseemos la capacidad de llegar a ser personas compasivas, experimentadas y sabias. La distancia entre el Buda y nosotros no es inabarcable, por ello, nosotros también podemos convertirnos en budas. Cuando creemos las causas para la Iluminación, acumulando potencial positivo y sabiduría, entonces, espontáneamente, nos iluminaremos. Muchos seres ya lo han hecho. Aunque a menudo hablamos de buda, aludiendo a Buda Shakiamuni, de hecho existen muchos seres iluminados.
Buda Shakiamuni es respetado porque purificó su contínuo mental de cada uno de los oscurecimientos y desarrolló completamente sus cualidades positivas. Buda ha realizado lo que nosotros aspiramos a realizar; y sus enseñanzas, tal y como quedan perfiladas en este libro, nos muestran el camino para superar nuestras limitaciones y desarrollar totalmente nuestra capacidad. Él nos ha ofrecido su sabiduría, y nosotros somos libres de aceptarla o no. Buda no exige nuestra fe y lealtad, no se nos condena si mantenemos puntos de vista diferentes.
Buda nos aconsejó ser muy prácticos y buscar el sentido, el significado, sin distraernos en especulaciones inútiles. Ofreció el ejemplo de un hombre herido por una flecha envenenada. Si antes de consentir que le quitaran la flecha este hombre insistiera en saber el nombre y la ocupación de la persona que se la lanzó, la marca de la flecha, el lugar donde fue fabricada, y el tipo de arco que fue utilizado, este hombre moriría antes de conocer las respuestas. Para él, el punto decisivo es tratar la herida y prevenir nuevas complicaciones.
De igual modo, mientras estemos enredados en el ciclo de nuestros problemas mentales y físicos, si nos apartamos de nuestro propósito por la especulación intelectual sobre materias irrelevantes, a las cuales posiblemente no seamos capaces de dar respuesta en el momento actual, estaremos actuando de un modo insensato. Es mucho más sabio tratar con lo que es importante.
Para superar nuestras limitaciones y desarrollar nuestra belleza interior, existe un proceso gradual que hay que seguir. Primero escuchamos o leemos, para aprender una materia. Después, reflexionamos y pensamos sobre ella. Utilizamos la lógica para analizarla, y examinamos lo que vemos en la vida de la gente que nos rodea.
Finalmente, integramos este nuevo conocimiento en nuestro ser, de tal modo que se convierta en parte de nosotros.
La esencia de las enseñanzas del Buda es sencilla, y podemos practicarla en nuestra vida cotidiana: deberíamos ayudar a los demás tanto como fuera posible, y cuando no sea posible, deberíamos evitar dañarlos.
Esto es compasión y sabiduría. Esto es sentido común. No es ni místico ni mágico, ni es irracional o dogmático. Todas las enseñanzas del Buda están en concordancia para capacitarnos a desarrollar la sabiduría y la compasión e integrarlas en nuestra vida cotidiana. El sentido común no se discute intelectualmente; se vive. A las enseñanzas del Buda se les llama "el camino medio" porque están libres de los extremos. Tal y como la autoindulgencia es un extremo, del mismo modo lo es la automortificación. El propósito del darma consiste en ayudar a relajarnos y a disfrutar la vida, aunque no en el sentido habitual de dormir e ir a fiestas. Aprendemos a relajar las emociones destructivas, y aquellas que nos impiden ser felices. Aprendemos a disfrutar la vida sin apegarnos, sin obsesionarnos ni preocuparnos.
Existe una antigua creencia de que para ser religioso o "santo" debemos negarnos la felicidad. Eso es incorrecto. Todo el mundo quiere ser feliz, y sería maravilloso que todos lo fuéramos. Pero resulta útil comprender qué es la felicidad.
En budismo aprendemos los diferentes tipos de felicidad que somos capaces de experimentar.


Posteriormente, buscamos las causas de la verdadera felicidad, de tal modo que podamos estar seguros de que nuestros esfuerzos nos proporcionarán los resultados apetecidos.
Finalmente, creamos las causas para la felicidad. La felicidad, -y también la tristeza-, no se cruzan en nuestro camino por casualidad o accidente, ni se deben a que logremos apaciguar a algún ser superior imaginario. Como todas las cosas, en el universo la felicidad surge debido a causas específicas. Si creamos las causas para la felicidad, la felicidad resultante llegará. Este es un proceso sistemático de causa y efecto que se explicará en capítulos posteriores.
La meta en el budismo es la sencillez, la claridad y la espontaneidad. Una persona con estas cualidades es extraordinaria. Con la simplicidad, dejamos atrás la hipocresía y el egoísmo, así permitimos que el amor imparcial y la compasión crezcan en nuestra mente. Con claridad abandonamos la confusión de la ignorancia, reemplazándola con la percepción directa de la realidad. Con espontaneidad, no estaremos influidos más tiempo por los pensamientos impulsivos, sino que naturalmente conoceremos los modos más apropiados y efectivos de beneficiar a los demás en cualquier situación. Desarrollando la sabiduría y la compasión, nos sentiremos más contentos y sabremos lo que es importante en nuestra vida. En vez de batallar con el mundo con una mente insatisfecha que continuamente quiere más y mejor, transformaremos nuestra actitud de modo que en cualquier lugar en el que nos encontremos, seremos felices y capaces de dotar a nuestras vidas de significado.
Algunas personas piensan que el budismo nos enseña a ser pasivos y a apartarnos de los demás.
Este no es el entendimiento correcto de las enseñanzas del Buda. Aunque resulte ventajoso distanciarnos de las concepciones erróneas y de las emociones mal manejadas, eso no significa que vivamos sin energía ni propósito.
¡De hecho es lo contrario! Libres de la confusión, seremos más brillantes y estaremos más atentos. Nos interesaremos auténticamente por los demás. Aunque seamos capaces de aceptar cualquier situación adversa que nos encontremos, trabajaremos activamente para beneficiar a aquellos que nos rodean.

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